La verdad novelesca es irrebatible

Con el tiempo, la peculiaridad de los rasgos que definen a la novela como género literario no sólo la ha convertido en el más popular de todos ellos sino también, posiblemente, en el más adecuado para transmitir algo, el más trascendente.  Mientras, por ejemplo, la filosofía, en su devenir, no hace sino autorrectificarse, modificar sus propios planteamientos, los contenidos de la novela, por el contrario, se mantienen intactos según el transcurso del tiempo, no menos válido Cervantes que Proust.  Contrariamente a la opinión de Sócrates, que asimilaba la creación artística a la mentira, sus verdades son incuestionables.

La verdad novelesca se caracteriza -como ya se dijo- por ser más certera que la científica o la filosófica; tan certera y precisa en su concreción como irrefutable.  Una verdad que el lector percibe de inmediato en su fuero interno como algo evidente sin que medie demostración alguna, tal vez porque esa inmediatez hace innecesaria toda demostración.  Se trata de una verdad permanente, haya sido formulada ayer o hace tres siglos.  Lo contrario de la verdad filosófica o científica, sometidas ambas a una constante revisión en la que reside su propia dinámica de progreso, su peculiar manera de alcanzar nuevos descubrimientos y formulaciones.  La verdad novelesca, en cambio, es irrebatible.

Textos extraídos de: Goytisolo, Luis, Naturaleza de la novela, Anagrama, Barcelona, 2013, pp. 159 y 177

 

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